NAQSH-E ROSTAM, EL VALLE DE LOS REYES IRANÍ

Naqsh-e Rostam, esa pequeña Petra de Irán, es una de las visitas más sorprendentes que podemos hacer en Irán. Seguimos las huellas de la antigua Persia para adentrarnos en un lugar no muy mencionado en los libros y que nos devuelve el bonito sueño de ser arqueólogos por un día.

Se podría decir que Naqsh-e Rostam es un apéndice de las fabulosas ruinas de Persépolis de las que tan sólo le separan unos pocos kilómetros. En el instante en que una gruesa montaña de piedra teñida de desierto empieza a ver crecer su cresta desde el suelo aparece esta especie de milagro arqueológico. Surgen de la nada cuatro tumbas inmensas perfectamente esculpidas en la roca como hipogeos en forma de cruz. Este lugar que fuera última morada de grandes reyes aqueménidas posee algo que hace que se le parezca mucho a la nabatea Petra, aunque realmente poco o nada tengan que ver. Quizás sus tumbas podrían pasar a lo lejos por las de Jordania, pero a reducida escala, ya que tan sólo son dos pares, los bajorrelieves que los acompañan son inconfundiblemente persas y, lo mejor de todo, no hay casi turistas.

Naqsh-e Rostam vista por Chardin en su viaje a Persia en 1723

Naqsh I- Rustam es una pared rocosa que tiene talladas cuatro tumbas reales aqueménidas rupestres, cruciformes y con bajorrelieves. Una de ellas, según las inscripciones que presenta, sería la tumba de Darío I y las otras tres, a ambos lados de la de Darío I, serían las de Jerjes I, Artajerjes I y Darío II, aunque no tienen ninguna inscripción que permita identificarlas con certeza. En la montaña de detrás de Persépolis hay otras dos tumbas semejantes, pertenecientes probablemente a Artajerjes II y Artajerjes III, además de una tumba inacabada que podría ser la de Arsés, o más seguramente de Darío III, el último rey de la dinastía aqueménida, que fue derrocado por Alejandro Magno.

Fotografía coloreada de Naqsh-e Rostam editada por The National Geographic Magazine en abril de 1921

La tumba de Darío es uno de los dos modelos de tumbas del arte persa del periodo aqueménida. Se trata de una tumba excavada en roca como los hipogeos egipcios; el otro modelo es el de la tumba de Ciro, en Pasargadas.

Naqsh-e Rostam podría ser el equivalente al Valle de los Reyes en Egipto, o incluso la pequeña Petra de Jordania, donde muchas de las tumbas también están excavadas en la roca. Un lugar en medio del desierto donde, a través de sus grabados, se pueden llegar a entender parte de la historia de la época aqueménida.

ORIENTE VIAJES

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