Ormuz, la isla multicolor

Esta pequeña y encantadora isla tiene mucho que ofrecer. Su diminuto tamaño queda compensado con creces por su belleza y ambiente. Solo hay una carretera y casi no hay coches, solo motocicletas y tuk-tuks; tampoco hay llamativos complejos turísticos, solo un puñado de sencillas casas particulares.

Muchos visitantes solo acuden a pasar el día desde Bandar Abbas o Qeshm, así que incluso el único asentamiento, Ormuz, es un aletargado pueblo que se descalza cada noche y se relaja contemplando con sosiego la puesta del sol.

No solamente es un lugar totalmente no turístico y poco conocido -no hay un solo hotel- sino que es además una isla absolutamente peculiar y asombrosa, muy árida, hecha de sal y de azufre recubierta de rocas volcánicas y tierras amarillas y rojizas, con unos paisajes mágicos de colores increíbles, de esos que son merecedores de ser calificados como “de otro mundo”, que deja en el viajero la ilusión de haber llegado a un lugar muy remoto.

Al visitante esperan montañas blancas como la nieve con minas de sal, paisajes marinos, ríos de azufre.
Montañas rojas, con minas de arcilla, antiguas ruinas donde se cargaban a los barcos piedras de sal y trozos de óxido de hierro, utilizables como lastre de los veleros, un fuerte portugués con sus cañones, al lado de un puerto de pescadores.

ORIENTE VIAJES

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