Susa; Una de las ciudades más antiguas del universo

En el suroeste de Irán, recortadas contra el horizonte de la calcinada llanura de Juzistán, en la ribera oriental del Río Kerja, se alzan las grandes ruinas de Susa (Shush en persa). Son los restos de la que controlara las rutas que partían de la antigua Mesopotamia hacia el este, atravesando la cordillera de Zagros. Según la tradición persa fue la primera ciudad del mundo, fundada por el legendario Rey Hushang. Era la capital del reino de los Elamitas.

Increíble pasado y presente

En el 645 a.C. los asirios irrumpieron en Elam, guiados por el victorioso Asurbanipal quien destruyó la ciudad hasta los cimientos. Pero logró sobrevivir, en el 530 a.C., Ciro el Grande, que dominaba desde el Mar Egeo hasta el Río Oxus la nombró capital del Imperio Persa, no sólo por su importante ubicación estratégica sino por las virtudes de las aguas de su río, célebres por su pureza. Cuando Alejandro Magno derrotó al rey persa Darío III, ocupó Susa, en la que encontró numerosas riquezas; tras su muerte la ciudad vio descender su categoría a la de simple capital de una provincia más.

El arqueólogo William Loftus la redescubrió en el año 1850, identificando algunos de los restos que pertenecían a la Susa de los tiempos clásicos: La Acrópolis, la Apadana, la Ciudad Real y la Ciudad de los Artesanos. La primera es la más antigua, allí se erigieron las principales construcciones elamitas, entre ellas el Zigurat de Inshushinak. La Ciudad Real, a unos 32 kilómetros hacia el sudeste, contaba con grandes terraplenes y murallas de piedra rodeaban los templos de los numerosos dioses que conformaban su Panteón.

Territorio de mil matices

En la Apadana se erguía el Gran Palacio del Rey Darío, mencionado hasta en La Biblia, en el Libro de Ester; estaba decorado con mosaicos esmaltados de colores delicados, diseñados y montados por artesanos de Babilonia; entre las numerosas figuras que adornaban sus paredes figuran un par de genios alados o esfinges de setenta centímetros de alto que oficiaban de guardianes.

No lejos de Susa se levanta el Santuario cónico conocido como Tumba del Profeta Daniel, en la orilla oriental del Río Shaur, construido en el siglo XII, al que se le atribuyen poderes para prevenir la sequía. Luego de caer ante los mongoles en el siglo XIII la bella ciudad, encrucijada de caminos, ya no resurgió, quedó abandonada a la acción del viento y se convirtió en un montículo más del Oriente Medio.

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