“ISFAHAN; La Perla de Oriente”; charla y tertulia

Sábado 11 de octubre de 2014, 21h. en Centro Perséoilis

historia, costumbres, culturas, arquitectura, arte, gastronomía

info: 913600202  www.centropersepolis.com

La ciudad de Isfahán, con una historia milenaria es una de las ciudades más bellas de Asia. Situada en centro de Irán, a mitad de camino entre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, acoge dos lugares declarados por UNESCO, como Patrimonios de la Humanidad y posee un sin fin de legados artísticos y arquitectónicos islámicos.

La grandeza de sus monumentos y su profundo sabor histórico han permitido acuñar el lema Isfahán, la mitad del mundo.

La tercera ciudad más poblada y el principal destino turístico de Irán se sitúa en una llanura a orillas del río Zayandeh Rud  y está llena de bulevares arbolados, amplias avenidas y bellísimas plazas, palacios, mezquitas y jardines. Los iraníes la consideran capital cultural y arquitectónica del país.

Isfahán fue capital de Imperio Persa en el año 1047, bajo los Selyúcidas, condición que perdió 180 años más tarde con la llegada de los mongoles y que recuperó en el reinado del rey safávida Abbás I, principal impulsor de su embellecimiento y de las grandes obras que hoy la adornan.

La Gran Plaza, Naqshe Yahan (“La imagen del universo”, también llamada Plaza del Emam), que data de 1602, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco junto con la magnífica Mezquita del Imán (también denominada Mezquita del Shah).

En sus jardines y fuentes, diseñados con un medido sentido de la simetría y el orden, los iraníes descansan, pasean, meriendan sentados en esteras y disfrutan dando una vuelta en coches tirados por caballos y comiendo gaz, los dulces típicos de la ciudad, elaborados con miel y pistacho.

Es una de las mayores plazas del mundo, con 510 metros de largo y 165 de ancho y está dominada por la Mezquita del Imán, uno de los mejores ejemplos del refinamiento del arte decorativo y la policromía safávidas. Su puerta de entrada, de treinta metros de altura, está cubierta por láminas de oro y plata y azulejos azul turquesa profusamente decorados, modelo que se repite en los cuatro impresionantes pórticos del patio interior, elaborados cuidadosamente por los mejores artesanos de cerámica y mosaicos y los más destacados caligrafos de la época.

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